
- … Entonces eso es todo por hoy, mañana quiero todas vuestras redacciones encima de mi mesa. – terminó Ian, bajando de la mesa de profesor de un salto, donde estaba sentado.
Los alumnos empezaron a recoger como si les fuera la vida en ello, y entretanto sonó el timbre que anunciaba que ya podían salir del aula. Ian caminó hasta detrás de su escritorio, y empezó a guardar los apuntes y libros en la maleta de cuero, con tranquilidad, sabía que ahora se iría a tomar un café mientras duraba el recreo, después tendría guardia, y como no había faltado ningún profesor podría pasarse una hora más en la cafetería. Haciendo estas importantísimas reflexiones no se percató que una de sus alumnas recogía más despacio que los demás, retrasando el momento de la salida ¿Querría hablar con él? Ian levantó la vista de los múltiples papeles que estaba guardando, observándola, mientras el último alumno salía del aula alzando una mano a modo de despedida. La alumna seguía sentada en su pupitre, mirando fijamente a su profesor.
- ¿Quieres algo, Evangeline? – preguntó él, sereno.
Los alumnos empezaron a recoger como si les fuera la vida en ello, y entretanto sonó el timbre que anunciaba que ya podían salir del aula. Ian caminó hasta detrás de su escritorio, y empezó a guardar los apuntes y libros en la maleta de cuero, con tranquilidad, sabía que ahora se iría a tomar un café mientras duraba el recreo, después tendría guardia, y como no había faltado ningún profesor podría pasarse una hora más en la cafetería. Haciendo estas importantísimas reflexiones no se percató que una de sus alumnas recogía más despacio que los demás, retrasando el momento de la salida ¿Querría hablar con él? Ian levantó la vista de los múltiples papeles que estaba guardando, observándola, mientras el último alumno salía del aula alzando una mano a modo de despedida. La alumna seguía sentada en su pupitre, mirando fijamente a su profesor.
- ¿Quieres algo, Evangeline? – preguntó él, sereno.

La chica apartó la mirada, aferrándose a la mochila. Ian levantó una ceja, extrañado, y se acercó a ella, sentándose en el pupitre de al lado, la mesa no estaba demasiado alta, así que no necesito dar un salto, como con su mesa.
- Sabes que puedes contarme lo que quieras ¿No? – propuso él, tal vez la chica tenía un problema y no sabía con quien hablar.
Ella negó con la cabeza, volviendo a mirarle segundos después. Abrió la boca para hablar, pero tardó unos segundos en hacerlo.
- Es que… Usted sabe que tengo novio ¿Verdad? – preguntó, y él dedujo que sin ese detalle no entendería la historia.
Asintió con la cabeza.
- Te he visto con Chad, es un buen chico. – afirmó, para que continuara. Entrelazó los dedos, esperando a la chica.
- Pues… Yo le quiero… Pero… - la chica se quedó callada, bajando la mirada al suelo.
“¿Por qué me está contando esto?” pensó Ian.
- ¿Pero? – la animó a continuar.
- Pero hay otra persona. – terminó ella, subiendo la mirada hasta la suya, como queriendo evidenciar algo, pero él no cogió la idea.
- Bueno, no soy muy buen consejero en estas cosas, pero tal vez deberías hablar con él. – se encogió de hombros, nunca había tenido una charla como esa con nadie, no era un maestro en esto del amor, había tenido muy pocas relaciones, y todas duraban menos de un mes.
La chica suspiró, suponiendo que su profesor no la había entendido bien.
- El caso es… Que no puedo estar con esa otra persona. – intentó explicarle, sin decirle nada directamente.
- ¿Qué ocurre? ¿El chico ese tiene novia? – y él tan tozudo, sin querer ver la realidad.
La chica se levantó de golpe, molesta, provocando que sus cabellos flamígeros se movieran.
- No, es mi profesor de historia. – soltó, antes de coger su mochila con brusquedad y salir del aula dando un portazo.
Ian se quedó parado en el sitio, ahora si que entendía muchas cosas, demasiadas. Tardó unos segundos en reaccionar como era debido, saltando de encima de la mesa, dejando allí su maleta y corriendo hasta la puerta, abriéndola y saliendo al pasillo a toda prisa, sin percatarse de que los alumnos lo miraban mal. Buscó por entre la gente la pelirroja melena de la chica, pero ya se había marchado. Dio una patada en el suelo, enfurecido consigo mismo, por no haber sido lo bastante rápido y por haber permitido que pasara eso.
- Sabes que puedes contarme lo que quieras ¿No? – propuso él, tal vez la chica tenía un problema y no sabía con quien hablar.
Ella negó con la cabeza, volviendo a mirarle segundos después. Abrió la boca para hablar, pero tardó unos segundos en hacerlo.
- Es que… Usted sabe que tengo novio ¿Verdad? – preguntó, y él dedujo que sin ese detalle no entendería la historia.
Asintió con la cabeza.
- Te he visto con Chad, es un buen chico. – afirmó, para que continuara. Entrelazó los dedos, esperando a la chica.
- Pues… Yo le quiero… Pero… - la chica se quedó callada, bajando la mirada al suelo.
“¿Por qué me está contando esto?” pensó Ian.
- ¿Pero? – la animó a continuar.
- Pero hay otra persona. – terminó ella, subiendo la mirada hasta la suya, como queriendo evidenciar algo, pero él no cogió la idea.
- Bueno, no soy muy buen consejero en estas cosas, pero tal vez deberías hablar con él. – se encogió de hombros, nunca había tenido una charla como esa con nadie, no era un maestro en esto del amor, había tenido muy pocas relaciones, y todas duraban menos de un mes.
La chica suspiró, suponiendo que su profesor no la había entendido bien.
- El caso es… Que no puedo estar con esa otra persona. – intentó explicarle, sin decirle nada directamente.
- ¿Qué ocurre? ¿El chico ese tiene novia? – y él tan tozudo, sin querer ver la realidad.
La chica se levantó de golpe, molesta, provocando que sus cabellos flamígeros se movieran.
- No, es mi profesor de historia. – soltó, antes de coger su mochila con brusquedad y salir del aula dando un portazo.
Ian se quedó parado en el sitio, ahora si que entendía muchas cosas, demasiadas. Tardó unos segundos en reaccionar como era debido, saltando de encima de la mesa, dejando allí su maleta y corriendo hasta la puerta, abriéndola y saliendo al pasillo a toda prisa, sin percatarse de que los alumnos lo miraban mal. Buscó por entre la gente la pelirroja melena de la chica, pero ya se había marchado. Dio una patada en el suelo, enfurecido consigo mismo, por no haber sido lo bastante rápido y por haber permitido que pasara eso.
Me gusta la historia.
ResponderEliminarUn beso.
Gracias ^^
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