domingo, 23 de mayo de 2010

~ Empezar otra vez ~






- Borra esa sonrisa de estúpido de la cara, no creo que debas estar contento cuando están a punto de mandarte al otro barrio de una patada en el culo. – espetó ella, inclinándose hacia delante para conseguir más énfasis en sus palabras. – No me jodas, como sea mentira y estés aquí por otros intereses te meteré el puño por la boca. – volvió a escupir las palabras, furiosa.
Ian negó con la cabeza, hundido.
- No, es verdad lo que te he contado. – le aseguró, no muy contento de tener que recordar el motivo por el cual había tocado la puerta de la chica. – Ojalá pudiera cambiar lo que hice… - susurró.
- ¡Que fue lo que hiciste Ian? – preguntó Kaya, volviendo a llevarse una mano a la boca, nerviosa, no sabía si quería saberlo del todo. – Seguro que metiste la pata como un estúpido. – aventuró, pero en realidad sabiendo que eso era lo que había pasado, que había metido la pata.
- Podemos dejarlo en que estaba en el lugar equivocado, el momento equivocado. – no dijo nada más, ninguna otra explicación salió de entre sus labios, y ella empezó a desesperarse.
- ¿Qué fue lo que viste que no tenías que ver? – cuestionó, interrogante, no quería tenerle metido en su casa sin saber porque razón.
- No voy a decírtelo, cuanto menos sepas mejor, no quiero meterte en más problemas. – susurró él, apartando la mirada, sabía que si miraba esos profundos ojos azules terminaría por soltarlo.
- El problema es que estoy metida en este jodido lío hasta el cuello, ya no puedo volverme atrás, por tu culpa. – le señaló con el dedo, empujando su pecho amenazadoramente con él.
Esperó unos segundos, pero Ian no soltaba prenda, se había quedado mudo. Resopló, fastidiada.
- Haz lo que te salga de las narices. – espetó, pasando por su lado y empujando su hombro con el suyo, pretendiendo hacerle daño, pero más se hizo ella.
Sus pasos se aceleraron, y fue en busca de su chaqueta de cuero, se la puso y salió a la calle, a la fría noche. El rocío lo inundaba todo, y se notaba en la humedad del ambiente. Entornó la puerta, no era tan tonta como para quedarse encerrada fuera de casa, y se sentó en el escalón, confusa. Rebuscó por cuarta vez en sus bolsillos, pero lo dejó estar, estaba asqueada por la situación, y por la estúpida decisión de Ian, y el extraño hecho de estar ayudándolo, cuando no tendría que ser así, de ninguna manera. Dejó el tabaco en paz, metiendo la mano en uno de los bolsillos interiores de la cazadora, sacando de él un porro, porque le apetecía, y punto. Se lo llevó a los labios, encendiéndolo con el mechero, escuchando de nuevo el crujido de la piedra en su mecanismo, y aspirando el humo, esta vez con más ansias, quería olvidarse de lo que acababa de pasar, estar lejos de ahí y mandar a Ian a la mierda, a todo el mundo. Escuchó la puerta detrás de ella, no hizo falta que se girara para saber de quien se trataba.
- Vete a la mierda, métete en un agujero oscuro y profundo y no salgas nunca más. – le murmuró, con voz monocorde, no hacía falta alzar la voz para apreciar la gravedad de sus palabras.
Se escuchó un profundo suspiro, producido por el muchacho, que sentó a su lado.
- Créeme, me gustaría mucho hacer eso. ¿Me das una calada? – pidió, notándose algo de nerviosismo en su voz.
- Siempre fuiste un desesperado, jódete. – escupió ella. - ¿Qué pasa? ¿No tienes pelas para comprarte la maría? Yo no tengo la culpa. – se encogió de hombros, muy adorable ella.
Ian suspiró, guardándose las maldiciones para él solo, apretando los labios para que no se le escapara ninguna. Kaya dio una calada, para luego expulsar el humo en dirección al rostro de su acompañante, con una risa sádica. Él la había puesto en un aprieto, pues ella le iba a poner las cosas más difíciles. El muchacho resopló, fastidiado.
- Lo haces para hacerme rabiar ¿Verdad? – preguntó, aunque retóricamente.
- Si, deberías saber a estas alturas que si alguien me jode yo le jodo a él también. – sonrió, orgullosa de nuevo por ser tan ocurrente.
Dio una calada al porro, disfrutando su sabor y como la llenaba por dentro. Se levantó, dándole unas palmaditas a Ian en el hombro, soltando una carcajada por lo bajo. Entró de nuevo en la casa, satisfecha al ver que él no la seguía, se acercó al equipo de música, con parsimonia, tal vez demasiada, parecía que la droga empezaba a hacer efecto. Buscó un disco en particular, Thirteen step de Perfect Circle, lo introdujo en el aparato, que era el único que no criaba polvo en esa casa, pues era el que más solía utilizar. Cuando la minicadena leyó el CD apretó diez veces el botón de adelantar, para poder escuchar la canción que correspondía a ese número, la melodía de Pet empezó a sonar, y satisfecha volvió a su sitio en el escalón, desde el que se escuchaba con total claridad la música.
- Que recuerdos con esta canción. – susurró Ian, que no se había movido del sitio.
- Si, tal vez demasiados. – dijo ella, arrogante, sacudiendo el porro un par de veces para que la ceniza sobrante cayera al suelo.
Él suspiró, seguramente recordando todo lo que había pasado con esa canción, una de las favoritas de Kaya, sin duda.
- ¿Qué piensas hacer, Ian? – preguntó ella, despreocupada.
El chico se pensó la respuesta, cinco segundos.
- No lo se, supongo que esconderme hasta que se olviden de mi. – aventuró, no muy seguro de sus palabras.
- Sabes que eso no va a ocurrir, te encontrarán y a mi contigo. – le hizo entender ella, dándole la última calada al porro y tirándolo al suelo, aplastándolo con el pie.
- ¡¿Pero que querías que hiciera?! ¡Yo no tengo la culpa de haber estado donde no debía y…! – empezó él, pero Kaya lo interrumpió.
- ¡Cállate la boca, Ian! ¡Me has metido en un lío y además no quieres admitir que ha sido culpa tuya! ¡Venga ya! ¡Uno no ve operaciones secretas de la mafia si no quiere! – le gritó, provocando que una vieja se asomara a la ventana de la casa de enfrente.
- ¡Si queréis gritar de ese modo cogéis el coche y salís de la ciudad, que hay gente que quiere dormir! – les regañó, antes de volver a cerrar la ventana y apagar la luz.
Kaya escupió al suelo, pero si hubiera estado al lado de la vieja en cuestión el escupitajo hubiera terminado en su cara. Cogió a Ian del brazo y lo arrastró hasta dentro de la casa, no tenía la fuerza suficiente, pero que él se levantara y caminara detrás de ella ayudaba bastante. Lo tiró en el sofá, sin ningún miramiento, obviamente él se dejó caer, sorprendido, y se dirigió a la cocina de nuevo, resoplando.
- Estúpido, cabeza hueca… - farfulló, buscando algo para comer, tenía hambre.
Sintió los pasos de Ian de nuevo tras los suyos, y se giró con rapidez para decirle que se metiera en sus asuntos, y si seguía insistiendo lo echaría y problema resuelto, pero la cara de tristeza que exhibía él le impidió abrir la boca para decir nada, tan solo pudo observarle, y pensar por primera vez que era lo que le había llevado a formar parte de esa vida, como había llegado a vivir así. Ian nunca hablaba de su pasado, de todas formas Kaya nunca había sido de las que se meten en asuntos ajenos, más que nada para que la situación fuera recíproca y nadie metiera las narices en los suyos. Le fulminó con la mirada, de forma más dulce de lo que hubiera querido, pero en ese momento no le salía estar enfadada, no viendo esa expresión. La chica supuso que por una vez que preguntara no pasaría nada, para todo había siempre una primera vez. Abrió la boca para formular la pregunta, pero tardó unos segundos en hacerlo.
- ¿Qué te pasó, Ian? – pregunta, esperando que él comprenda a que se refiere, pero la cara de tristeza del muchacho se borra y aparece extrañeza, no sabe de que le habla. – Quiero decir… Una persona no lleva esta vida por gusto. – intentó explicarse, metiéndose también a ella en el saco.
Ian frunció los labios y cerró los ojos con fuerza, mientras los recuerdos lo atacaban.

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