lunes, 5 de julio de 2010

~ Flashback: Chispa, combustión ~


Acercó su cara a la de la chica, dándole un tierno beso en los labios, ella le correspondió, pasando los brazos alrededor de su cuello. Ya todo le daba lo mismo, de todas formas lo despedirían y Chad se la tenía jurada. Tampoco iba a negar que no la miraba cuando recogía sus libros, cuando la veía por los pasillos con los demás alumnos o en la cafetería el tiempo del recreo, si, le gustaba y se había estado engañando para no hacer las cosas mal, porque no se podía negar que estaba haciendo lo peor que alguien podía llegar a hacer en su situación, pero eso ya no le preocupaba, para nada, ya no. La chica se separó de él para tomar aire, mordiéndose el labio inferior. Él sonrió, ¿Qué otra cosa podía hacer? Intentó imaginarse lo que pasaba en ese momento por la mente de Evan, pero le era totalmente imposible.
- Creo que debería llevarte a casa. – aventuró él, para no seguir torturándose de esa manera.
- Te dejo que me lleves a casa si cenas conmigo el sábado. – chantajeó ella, a ver si colaba.
Ian se lo pensó unos segundos, con la sonrisa en los labios, permanente.
- Está bien, intentaré no poner muchos deberes para este fin de semana. – bromeó, sin pensar que tal vez la broma no fuera bien recibida, pero no fue así.
Evan amplió la sonrisa, estaba demasiado contenta como para percibir el sarcasmo de la frase.
- Vale, entonces me recoges el sábado a las ocho ¿Vale? – propuso.
- Perfecto. – estuvo de acuerdo él. – Y ahora vámonos. – rogó, saliendo de la enfermería y esperándola en la cafetería, donde tenía que recoger sus cosas.

jueves, 24 de junio de 2010

~ Limando asperezas ~




Ian vuelve al mundo real de nuevo, desde sus recuerdos, que no le gusta invocar, pero las preguntas de Kaya así lo provocan. La mira, frunciendo los labios.
- Algo muy malo debió pasarte para que terminaras de este modo. – observó ella, tan comprensiva como siempre.
- Cambiemos de tema ¿Vale? – pidió él, no con demasiada simpatía en la voz.
- Vale. – susurró ella, dejando el tema correr. Él sabía todo lo que le había pasado a ella, no entendía porque no podía saber ella lo que le había pasado a él.
Se formó un tenso silencio, producto de que ninguno de los dos propusiera nuevo tema de conversación, la pareja tenía un oído puesto en los sonidos de la calle y el otro en la respiración de su compañero, acelerada cada vez que se escuchaba pasar a alguien caminando o el motor de algún coche. Kaya llegó a aburrirse sobremanera pasados cinco minutos, con ese silencio aplastante, y dejó de prestar atención a los sonidos, se centró tan solo en la respiración de Ian, más interesante que los maullidos de los gatos callejeros en el asfalto. A veces se centraba en pequeñas cosas, tonterías, pero que la ayudaban a evadirse, al menos. Levantó la mano derecha y la posó sobre la pierna de su acompañante. Pudo escuchar como su respiración y la suya propia se agitaba, interesante experimento, llegó a pensar, antes de subir la mano por su muslo.
- Kaya. – le avisó él, que estaba advertido de los entretenimientos de la muchacha, tan extraños que no llegaba a comprender, ni comprendería nunca, ni aunque se lo explicaran con todo detalle.
- Qué. – cuestionó ella, como si lo que estaba haciendo fuera lo más normal del mundo.
- Para. – le avisó él, sabía que si subía la mano unos centímetros más no respondería, lo malo era que ella estaba al corriente de ese pequeño detalle, y fue exactamente lo que hizo.
Ian no pudo responder de sus actos, giró el cuerpo y cogió la cara de la chica con las manos, acercándose a ella y besándola. Ella se recostó en el sofá, cogiendo la camiseta de el chico con la mano, y estirando para que le siguiera, y eso hizo él. Ella apoyó la mano libre en el antebrazo de Ian, con el que se apoyaba en el sofá, para no aplastarla. Ian posó una mano sobre el muslo de la chica, acariciándolo por debajo y elevándolo, mientras ella rodeaba su torso con las piernas, acercándolo a si misma, con las manos en las mejillas del chico.
- Eres un estúpido, no deberías estar aquí. – le recriminó ella, las cosas no quedarían así.
- Pues aquí estoy y no puedo hacer nada para cambiarlo. – le hizo saber él, entre beso y beso.

domingo, 6 de junio de 2010

~ Flashback: Ojo por ojo, diente por diente ~



Se acercó la taza a la boca, pensativo, pensaba en lo que había pasado dos días atrás, desde entonces no había vuelto a ver a Evangeline, sabía por otros alumnos que hacía novillos cuando le tocaba con él, no quería verle, por algún motivo. Suspiró, dejando la taza de café en el pequeño plato, provocando un sonido desagradable para sus oídos. Pudo vislumbrar que alguien se acercaba a él, pero no creyó que fuera adrede. Esa persona apoyó las manos en su mesa, entonces supo que debería hablar con alguien. Levantó la mirada, enfocando la cara de Chad.

- Contigo quería yo hablar. – soltó el muchacho, apretando la mandíbula.
- Pues no se me ocurre sobre que, la verdad. – dijo el profesor, evitando cualquier referencia que desvelara que sabía perfectamente a que venía.
Chad se acercó a él y lo agarró por la camisa, levantándolo de la silla.
- ¿Qué estás haciendo con mi novia? ¿Eh? ¡Dímelo, cabrón! – gritó, acercando su cara a la de Ian.
- Yo no hago nada. – le aseguró él, en un susurro, para calmar el ambiente.
- Ey, EY. – gritó el camarero de la cafetería, era la del instituto, por eso no había casi nadie. – Si os queréis pegar salid a la calle. – les avisó, volviendo a su trabajo.
Ian pensó que conseguiría que echaran a ese hombre, de todas formas no cumplía con lo que tenía que hacer, que era separarlos. Notó el brillo en los ojos de su contrincante, quería salir de allí para zurrarle.
- Esto no es necesario, yo no busco nada con Evangeline. – intentó tranquilizarlo por segunda vez.
- Y una mierda. – espetó él, escupiéndole en la cara.
Eso era una ofensa demasiado grande como para dejarla estar, sabía que lo despedirían, pero le daba igual. Lo empujó, saliendo de la cafetería, en dirección a la calle, dejando allí mismo sus cosas. Salió del instituto, esperando a su alumno, que no tardó en llegar, lanzándose a por él desde que cruzó la barrera, con un grito. Esperaba esa reacción, así que lo recibió con un puñetazo en el estómago, que provocó que Chad se doblara hacia delante, aprovechando la situación le propinó un codazo en la espalda, pero el chico era joven y se recuperaba rápido. Se incorporó y le lanzó un derechazo en plena nariz. Ian notó como algo crujía y el golpe le obligó a girar la cara, dejándolo desconcertado. Luchó por recuperarse, pero no le dio tiempo cuando otro derechazo impactó en su cara. Chad estaba ciego de rabia, y tal vez no llegaría a parar. Intentó inmovilizarlo, aprovechando uno de sus puñetazos fallidos para cogerle de la muñeca y retorcerle el brazo, pero su contrincante contraatacó y le golpeó el estómago aprovechando la altura. Ian sentía la sangre saliendo a borbotones de su nariz, pero ignoró el dolor, doblándose un poco debido al puñetazo. De pronto un grito resonó por toda la calle.
- ¡BASTA! – gritó Evangeline, a pleno pulmón.
Los dos se detuvieron, sin soltarse, Chad aún forcejeó un poco para soltarse, pero Ian no cedió. En esa postura se giraron los dos, observando a la chica, que acababa de llegar. Su cara era todo un espectáculo, estaba horrorizada por lo que veía.
- Evan. – susurró Chad, con la voz entrecortada por la postura y el cansancio.
Ella respiraba agitadamente, los había visto desde el final de la calle, y había corrido hasta ellos.
- ¡¿Pero que demonios haceis?! – les espetó, estirando los brazos a ambos lados del cuerpo y apretando los puños, con los mechones de pelo delante del rostro.
Los dos se quedaron callados, y el profesor soltó al alumno, a regañadientes. Chad se tambaleó un poco antes de incorporarse, pero no volvió a por él.
- Evan, yo… - intentó explicarse el novio.
- ¡Cállate, Chad! – le avisó ella. - ¡Ya se que has empezado tu! – añadió, lo conocía demasiado bien.
Él apretó la mandíbula, y sus fosas nasales se abrieron de rabia, pero no dijo nada más. Ian continuaba callado como una tumba, se llevó los dedos a la nariz, notando como se llenaban de sangre, pero no despegó la mirada de su alumna. Entonces la chica hizo algo inaudito, caminó hasta él y lo cogió del brazo, arrastrándolo junto a ella hacia el instituto, dejando a Chad plantado. Ian volvió la cabeza, observando por unos segundos como su contrincante lo fulminaba con la mirada, furioso, pero no los siguió, no tardó mucho en perderlo de vista. Evangeline se dirigió hacia la enfermería del edificio, donde no había nadie, debido al horario, era hora de comer. La chica cerró la puerta tras ella, apoyándose en ella y dejándose caer, soltando al otro, que se quedó mirándola, en silencio.
- Lo siento mucho, Ian. – se excusó ella, levantando la mirada hasta clavarla en sus ojos.
- No tienes porque disculparte… - empezó él, pero ella lo interrumpió, levantándose del suelo y caminando hacia él.
- Si, si tengo porque, todo esto es por mi culpa. – bajó la mirada.
- No es verdad. – intentó tranquilizarla él. – Nada de esto es por tu culpa.
- Si, seguro… - ironizó ella, moviéndose del sitio y abriendo el botiquín que colgaba de la pared, extrayendo de él unas gasas y un trapo limpio, que puso debajo del grifo durante unos segundos y después escurrió. Volvió a acercarse a él, con el material en las manos. Dejó las gasas a un lado, encima de la camilla, y empezó a limpiarle la sangre con el trapo húmedo, en silencio. Ian suspiró, pero se dejó hacer de todas formas.
- Deberías ir con Chad. – le advirtió a la chica, en un susurro.
- Chad es un imbécil, que se cure solo. – espetó ella, sin dejar la tarea.
Entonces Ian decidió que era mejor estar calladito, por si las moscas. Evangeline terminó de limpiarle la sangre, cogió una gasa y le puso desinfectante, para después aplicarlo en las heridas de su rostro. Hasta ese momento no se había dado cuenta de que tenía el labio partido, se percató cuando empezó a escocerle después de que la chica pasara la gasa por la zona. Apretó los dientes pero no se quejó, no es que quisiera hacerse el duro, era que simplemente no le dolía tanto como para eso, pero ella se percató.
- ¿Te duele mucho? – preguntó, algo preocupada.
- No, pero debo reconocer que Chad tiene los nudillos duros. – bromeó, intentando quitar hierro al asunto.
Ella sonrió con él, mostrando sus blancos dientes, pero no dijo nada, siguió limpiándole las heridas.
- Evangeline… - empezó él, pero ella le puso un dedo en los labios, deteniéndolo.
- Evan. – lo corrigió, alzando una ceja, para que supiera que no iba a tolerar otra cosa.
- Evan. – volvió a empezar él, aún con el dedo de la chica en los labios. - ¿Por qué yo? – era una pregunta un poco estúpida, pero tenía que preguntarlo, por el bien de su conciencia.
La chica bajó la mirada de nuevo, no se sentía cómoda respondiendo a eso.
- Eso no se puede escoger. – sentenció al fin, y lo peor era que tenía razón. – No se puede escoger de… de quien te enamoras. – terminó la frase, sin levantar la mirada.
Ian levantó una mano, alzando el mentón de la chica con los dedos, obligándola a mirarle.
- Sabes que esto no está bien ¿Verdad? – la pregunta era retórica, por supuesto, si ella pensaba que podían estar juntos e irse de rositas estaba muy equivocada.
- Lo se, pero supongo que me da igual. Al principio pensé que esto era solo un capricho, pero… - dejó la frase en el aire, sin poder continuar.
- Eso cambió. – terminó la frase por ella, asintiendo con la cabeza.- Sí. – afirmó ella, haciéndole saber que había acertado.

miércoles, 2 de junio de 2010

~ Secreto ~




- Ian, ¡Ian! – intentó despejarlo Kaya, chasqueando los dedos delante de su cara.
El chico se sobresaltó, enfocando la mirada y alejándose de los recuerdos.
- Lo siento, de verdad. – susurró. – Ya he hecho bastante daño, me voy. – decidió, dándose la vuelta y empezando a caminar hacia la puerta.
Kaya se quedó estupefacta, observando como de verdad se marchaba, ya que escuchó la puerta abrirse. Corrió detrás de él, saliendo de la casa segundos después que Ian. Lo alcanzó en unos cuantos pasos, en plena calle, y lo cogió del brazo, tenía fuerza, pero no la bastante para hacer que se diera la vuelta.
- ¡Ian! – espetó, esperando que así se dignara a mirarla.
Funcionó, pues el chico se dio la vuelta, mostrando la misma expresión que momentos antes la había hecho enmudecer, justo cuando iba a echarle de su casa, a decirle que no quería volver a verle, y ahora estaba haciendo todo lo contrario.
- Venga, no seas gilipollas, vuelve. – le hizo razonar ella, esperando no sonar muy sentimental.
- No entiendo porque quieres que me quede, de todas formas me encontrarán, y te matarán a ti también. – intentó hacerla razonar, para que le soltara y le dejara marcharse.
- Entonces moriremos juntos, de todas formas no nos quedan muchos años de vida con todo lo que nos metemos. – bromeó ella, sonriendo y esperando suavizar la tensión del momento, al igual que el temperamento de su compañero.
Ian sonrió de medio lado, soltando el aire de golpe por la nariz, a modo de risa. Lo había convencido. El chico se deshizo de su agarre y volvió sobre sus pasos, entrando de nuevo en la vivienda. Kaya miró al cielo y negó con la cabeza, con un suspiro, resignada a los cambios de humor de su amigo. Le siguió de nuevo, cerrando la puerta detrás de ella. Caminó hasta el salón, sentándose en el sofá, al lado de Ian.
- No me has respondido a mi pregunta. – insistió ella, él sabía que lo peor que podría haber hecho era no contestar.
Su interlocutor suspiró, visiblemente molesto, por algo que la chica no entendía.
- No me gusta hablar de ello. – responde, tajante, dejando el tema.
Ella lo entiende y no pregunta más.

martes, 25 de mayo de 2010

~ Flashback ~





- … Entonces eso es todo por hoy, mañana quiero todas vuestras redacciones encima de mi mesa. – terminó Ian, bajando de la mesa de profesor de un salto, donde estaba sentado.
Los alumnos empezaron a recoger como si les fuera la vida en ello, y entretanto sonó el timbre que anunciaba que ya podían salir del aula. Ian caminó hasta detrás de su escritorio, y empezó a guardar los apuntes y libros en la maleta de cuero, con tranquilidad, sabía que ahora se iría a tomar un café mientras duraba el recreo, después tendría guardia, y como no había faltado ningún profesor podría pasarse una hora más en la cafetería. Haciendo estas importantísimas reflexiones no se percató que una de sus alumnas recogía más despacio que los demás, retrasando el momento de la salida ¿Querría hablar con él? Ian levantó la vista de los múltiples papeles que estaba guardando, observándola, mientras el último alumno salía del aula alzando una mano a modo de despedida. La alumna seguía sentada en su pupitre, mirando fijamente a su profesor.
- ¿Quieres algo, Evangeline? – preguntó él, sereno.




La chica apartó la mirada, aferrándose a la mochila. Ian levantó una ceja, extrañado, y se acercó a ella, sentándose en el pupitre de al lado, la mesa no estaba demasiado alta, así que no necesito dar un salto, como con su mesa.
- Sabes que puedes contarme lo que quieras ¿No? – propuso él, tal vez la chica tenía un problema y no sabía con quien hablar.
Ella negó con la cabeza, volviendo a mirarle segundos después. Abrió la boca para hablar, pero tardó unos segundos en hacerlo.
- Es que… Usted sabe que tengo novio ¿Verdad? – preguntó, y él dedujo que sin ese detalle no entendería la historia.
Asintió con la cabeza.
- Te he visto con Chad, es un buen chico. – afirmó, para que continuara. Entrelazó los dedos, esperando a la chica.
- Pues… Yo le quiero… Pero… - la chica se quedó callada, bajando la mirada al suelo.
“¿Por qué me está contando esto?” pensó Ian.
- ¿Pero? – la animó a continuar.
- Pero hay otra persona. – terminó ella, subiendo la mirada hasta la suya, como queriendo evidenciar algo, pero él no cogió la idea.
- Bueno, no soy muy buen consejero en estas cosas, pero tal vez deberías hablar con él. – se encogió de hombros, nunca había tenido una charla como esa con nadie, no era un maestro en esto del amor, había tenido muy pocas relaciones, y todas duraban menos de un mes.
La chica suspiró, suponiendo que su profesor no la había entendido bien.
- El caso es… Que no puedo estar con esa otra persona. – intentó explicarle, sin decirle nada directamente.
- ¿Qué ocurre? ¿El chico ese tiene novia? – y él tan tozudo, sin querer ver la realidad.
La chica se levantó de golpe, molesta, provocando que sus cabellos flamígeros se movieran.
- No, es mi profesor de historia. – soltó, antes de coger su mochila con brusquedad y salir del aula dando un portazo.
Ian se quedó parado en el sitio, ahora si que entendía muchas cosas, demasiadas. Tardó unos segundos en reaccionar como era debido, saltando de encima de la mesa, dejando allí su maleta y corriendo hasta la puerta, abriéndola y saliendo al pasillo a toda prisa, sin percatarse de que los alumnos lo miraban mal. Buscó por entre la gente la pelirroja melena de la chica, pero ya se había marchado. Dio una patada en el suelo, enfurecido consigo mismo, por no haber sido lo bastante rápido y por haber permitido que pasara eso.

domingo, 23 de mayo de 2010

~ Empezar otra vez ~






- Borra esa sonrisa de estúpido de la cara, no creo que debas estar contento cuando están a punto de mandarte al otro barrio de una patada en el culo. – espetó ella, inclinándose hacia delante para conseguir más énfasis en sus palabras. – No me jodas, como sea mentira y estés aquí por otros intereses te meteré el puño por la boca. – volvió a escupir las palabras, furiosa.
Ian negó con la cabeza, hundido.
- No, es verdad lo que te he contado. – le aseguró, no muy contento de tener que recordar el motivo por el cual había tocado la puerta de la chica. – Ojalá pudiera cambiar lo que hice… - susurró.
- ¡Que fue lo que hiciste Ian? – preguntó Kaya, volviendo a llevarse una mano a la boca, nerviosa, no sabía si quería saberlo del todo. – Seguro que metiste la pata como un estúpido. – aventuró, pero en realidad sabiendo que eso era lo que había pasado, que había metido la pata.
- Podemos dejarlo en que estaba en el lugar equivocado, el momento equivocado. – no dijo nada más, ninguna otra explicación salió de entre sus labios, y ella empezó a desesperarse.
- ¿Qué fue lo que viste que no tenías que ver? – cuestionó, interrogante, no quería tenerle metido en su casa sin saber porque razón.
- No voy a decírtelo, cuanto menos sepas mejor, no quiero meterte en más problemas. – susurró él, apartando la mirada, sabía que si miraba esos profundos ojos azules terminaría por soltarlo.
- El problema es que estoy metida en este jodido lío hasta el cuello, ya no puedo volverme atrás, por tu culpa. – le señaló con el dedo, empujando su pecho amenazadoramente con él.
Esperó unos segundos, pero Ian no soltaba prenda, se había quedado mudo. Resopló, fastidiada.
- Haz lo que te salga de las narices. – espetó, pasando por su lado y empujando su hombro con el suyo, pretendiendo hacerle daño, pero más se hizo ella.
Sus pasos se aceleraron, y fue en busca de su chaqueta de cuero, se la puso y salió a la calle, a la fría noche. El rocío lo inundaba todo, y se notaba en la humedad del ambiente. Entornó la puerta, no era tan tonta como para quedarse encerrada fuera de casa, y se sentó en el escalón, confusa. Rebuscó por cuarta vez en sus bolsillos, pero lo dejó estar, estaba asqueada por la situación, y por la estúpida decisión de Ian, y el extraño hecho de estar ayudándolo, cuando no tendría que ser así, de ninguna manera. Dejó el tabaco en paz, metiendo la mano en uno de los bolsillos interiores de la cazadora, sacando de él un porro, porque le apetecía, y punto. Se lo llevó a los labios, encendiéndolo con el mechero, escuchando de nuevo el crujido de la piedra en su mecanismo, y aspirando el humo, esta vez con más ansias, quería olvidarse de lo que acababa de pasar, estar lejos de ahí y mandar a Ian a la mierda, a todo el mundo. Escuchó la puerta detrás de ella, no hizo falta que se girara para saber de quien se trataba.
- Vete a la mierda, métete en un agujero oscuro y profundo y no salgas nunca más. – le murmuró, con voz monocorde, no hacía falta alzar la voz para apreciar la gravedad de sus palabras.
Se escuchó un profundo suspiro, producido por el muchacho, que sentó a su lado.
- Créeme, me gustaría mucho hacer eso. ¿Me das una calada? – pidió, notándose algo de nerviosismo en su voz.
- Siempre fuiste un desesperado, jódete. – escupió ella. - ¿Qué pasa? ¿No tienes pelas para comprarte la maría? Yo no tengo la culpa. – se encogió de hombros, muy adorable ella.
Ian suspiró, guardándose las maldiciones para él solo, apretando los labios para que no se le escapara ninguna. Kaya dio una calada, para luego expulsar el humo en dirección al rostro de su acompañante, con una risa sádica. Él la había puesto en un aprieto, pues ella le iba a poner las cosas más difíciles. El muchacho resopló, fastidiado.
- Lo haces para hacerme rabiar ¿Verdad? – preguntó, aunque retóricamente.
- Si, deberías saber a estas alturas que si alguien me jode yo le jodo a él también. – sonrió, orgullosa de nuevo por ser tan ocurrente.
Dio una calada al porro, disfrutando su sabor y como la llenaba por dentro. Se levantó, dándole unas palmaditas a Ian en el hombro, soltando una carcajada por lo bajo. Entró de nuevo en la casa, satisfecha al ver que él no la seguía, se acercó al equipo de música, con parsimonia, tal vez demasiada, parecía que la droga empezaba a hacer efecto. Buscó un disco en particular, Thirteen step de Perfect Circle, lo introdujo en el aparato, que era el único que no criaba polvo en esa casa, pues era el que más solía utilizar. Cuando la minicadena leyó el CD apretó diez veces el botón de adelantar, para poder escuchar la canción que correspondía a ese número, la melodía de Pet empezó a sonar, y satisfecha volvió a su sitio en el escalón, desde el que se escuchaba con total claridad la música.
- Que recuerdos con esta canción. – susurró Ian, que no se había movido del sitio.
- Si, tal vez demasiados. – dijo ella, arrogante, sacudiendo el porro un par de veces para que la ceniza sobrante cayera al suelo.
Él suspiró, seguramente recordando todo lo que había pasado con esa canción, una de las favoritas de Kaya, sin duda.
- ¿Qué piensas hacer, Ian? – preguntó ella, despreocupada.
El chico se pensó la respuesta, cinco segundos.
- No lo se, supongo que esconderme hasta que se olviden de mi. – aventuró, no muy seguro de sus palabras.
- Sabes que eso no va a ocurrir, te encontrarán y a mi contigo. – le hizo entender ella, dándole la última calada al porro y tirándolo al suelo, aplastándolo con el pie.
- ¡¿Pero que querías que hiciera?! ¡Yo no tengo la culpa de haber estado donde no debía y…! – empezó él, pero Kaya lo interrumpió.
- ¡Cállate la boca, Ian! ¡Me has metido en un lío y además no quieres admitir que ha sido culpa tuya! ¡Venga ya! ¡Uno no ve operaciones secretas de la mafia si no quiere! – le gritó, provocando que una vieja se asomara a la ventana de la casa de enfrente.
- ¡Si queréis gritar de ese modo cogéis el coche y salís de la ciudad, que hay gente que quiere dormir! – les regañó, antes de volver a cerrar la ventana y apagar la luz.
Kaya escupió al suelo, pero si hubiera estado al lado de la vieja en cuestión el escupitajo hubiera terminado en su cara. Cogió a Ian del brazo y lo arrastró hasta dentro de la casa, no tenía la fuerza suficiente, pero que él se levantara y caminara detrás de ella ayudaba bastante. Lo tiró en el sofá, sin ningún miramiento, obviamente él se dejó caer, sorprendido, y se dirigió a la cocina de nuevo, resoplando.
- Estúpido, cabeza hueca… - farfulló, buscando algo para comer, tenía hambre.
Sintió los pasos de Ian de nuevo tras los suyos, y se giró con rapidez para decirle que se metiera en sus asuntos, y si seguía insistiendo lo echaría y problema resuelto, pero la cara de tristeza que exhibía él le impidió abrir la boca para decir nada, tan solo pudo observarle, y pensar por primera vez que era lo que le había llevado a formar parte de esa vida, como había llegado a vivir así. Ian nunca hablaba de su pasado, de todas formas Kaya nunca había sido de las que se meten en asuntos ajenos, más que nada para que la situación fuera recíproca y nadie metiera las narices en los suyos. Le fulminó con la mirada, de forma más dulce de lo que hubiera querido, pero en ese momento no le salía estar enfadada, no viendo esa expresión. La chica supuso que por una vez que preguntara no pasaría nada, para todo había siempre una primera vez. Abrió la boca para formular la pregunta, pero tardó unos segundos en hacerlo.
- ¿Qué te pasó, Ian? – pregunta, esperando que él comprenda a que se refiere, pero la cara de tristeza del muchacho se borra y aparece extrañeza, no sabe de que le habla. – Quiero decir… Una persona no lleva esta vida por gusto. – intentó explicarse, metiéndose también a ella en el saco.
Ian frunció los labios y cerró los ojos con fuerza, mientras los recuerdos lo atacaban.

sábado, 22 de mayo de 2010

~ Reencuentro ~



- Ese es mi nombre, no me lo gastes. – contestó el hombre que esperaba en el umbral de la puerta. - ¿Me vas a dejar pasar o me dejas aquí para que me congele? – cuestionó, con una sonrisa.
Hacía tanto que no le veía que casi se había olvidado de él, cosa no muy extraña en ella. Se apartó de su camino.
- Pasa. – le ofreció, volviendo al sofá. Se llevó el cigarro a los labios, escuchando como Ian entraba y cerraba la puerta detrás de él. Cogió su chupa y rebuscó de nuevo entre los bolsillos, sacando la cajetilla por tercera vez en una hora. - ¿Te apetece? – le ofreció, sacudiéndola delante de las narices de su acompañante.
Él extendió una mano, para sacar uno y se lo llevó a los labios.
- Por supuesto. – farfulló, sin entendérsele mucho por culpa del cigarro. - ¿Tienes…?
Antes de que acabara la frase Kaya ya estaba encendiéndoselo con una sonrisa, orgullosa de haberse adelantado a sus pensamientos, aunque fuera algo tan obvio. Volvió al sofá, meneando el trasero, obviamente tan solo para provocar, ella era así de adorable. Se dejó caer en él, mirándole.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó, realmente con la duda. ¿Qué había venido a hacer por aquí? Al hacerse esa pregunta se estremeció, volviendo a pensar en el hombre al que había visto en la calle, callado como una tumba.
Por supuesto, Ian se percató de su extraño temblor, pero no preguntó, sabía que la chica le mentiría.
- He venido a verte, ¿No es obvio? – soltó, como si fuera lo más obvio del mundo, dándole una calada al cigarro, y dejándose caer en el sillón ubicado al lado del sofá. – Joder, pensé que tenías más gusto, este tono es horrible. – se carcajeó, observando la pintura de la pared, de un rojo intenso.
- Este color me hace sentir bien. – confesó ella, expulsando el humo hacia arriba, disfrutando. – No te quejes, podría haber sido peor, podría haberte dejado en la calle. – comentó, maliciosa.
- Si, podrías haberte comportado peor, seguro que estás colocada, si no ya estaría criando malvas en el asfalto. – bromeó él, con una risa entre dientes.
- Gilipollas. – soltó ella, pero riéndose también, y le tiró un cojín en la cara. – No me provoques Ian.
- Sabes que nunca has podido ganarme, no me provoques tú a mí. – le retó él, expulsando el humo en forma de anillos que se elevaron en el aire.
Kaya se incorporó, subiendo las piernas al sofá y entrecruzándolas, llevándose la colilla a la boca, dando la última calada a su cigarro, apurándola lo máximo posible. Después se estiró para aplastar la colilla en el cenicero de la mesita, en el que no cabía ni un alfiler. Expulsó el humo por la nariz, divertida por la situación.
- Así que has venido a verme… - no era una pregunta, si no una afirmación. – No se porque querrías ver a la colocada de tu amiga. – ríe, sarcástica por su propia broma.
Ian se incomoda, parece que le ha tocado algo la moral. Da una calada a su cigarro, nervioso, sin saber muy bien como explicarse.
- Me he metido en un lío. – confesó, apenas en un susurro, sujetándose la cabeza con la mano libre, cerrando los ojos.
Kaya se olió problemas, muchos jodidos problemas. Si Ian estaba preocupado de esa forma es que algo muy gordo iba a ocurrir.
- ¿Qué problemas Ian? Joder, me estás asustando. - dijo ella, no muy segura de lo que le iba a contestar él, imaginándose lo peor.
- Lo siento, ni siquiera tendría que estar aquí, no debería haberte metido a ti también en esto pero saben donde vivo, y no tenía donde caerme muerto, no puedo ir a mi casa… - intentó explicarse, atropelladamente.
- ¿Quiénes? Dímelo, Ian, ¿De quién coño hablas? – exigió ella, interrumpiéndolo.
Ian suspiró, sabía que no debería haber metido a la chica en esto, pero era la única persona en la que podía confiar.
- Una mafia. – susurró tan solo, aún nervioso.
Kaya se quedó congelada en el sitio, con los ojos muy abiertos, procesando la información que le acababan de dar. ¿Una mafia? ¿Pero que se había creído?
- ¡Joder Ian! – blasfemó, enfurecida. - ¿Te persigue la mafia y vienes a mi casa como si nada? ¿Y si alguien te estaba siguiendo? – de pronto cruzó por su mente la imagen del hombre que había visto en la calle, probablemente estarían esperando a que salieran de la casa para meterles a ambos un tiro entre ceja y ceja. – Al menos dime que tú no has tenido culpa de esto. – rogó, a punto de estallar y apuntándolo con un dedo.
Ian no respondió, claro que tenía la culpa él, si no no lo estarían persiguiendo como a un perro, vigilando todos sus movimientos. La chica negó con la cabeza, cerrando los ojos.
- Joder, ¿Sabes en el lío que me has metido por tu estupidez, Ian? – espetó ella, y ella que pensaba que esto era una visita de cortesía…
- Lo siento, pero es que eres la única persona en quien puedo confiar. – dijo él, arrastrándose de rodillas hasta ella, posando sus manos en sus piernas, esas calientes manos… Céntrate Kaya, se riñó a si misma, enfadada.
- Me da igual, haberte ido a meter debajo de un puente, no en mi casa. Encima la mafia, ¿No podías haberle hecho una putada a alguien con menos ansias homicidas y fáciles de provocar? – le espetó.
Ian apretó la mandíbula, furioso consigo mismo, y se llevó las manos al rostro. No dijo nada, pues no hacía falta que expresara la disculpa en palabras, se notaba lo arrepentido que estaba. Por una vez en su mierda de vida, Kaya, se apiadó de alguien, no quiso ni preguntarse porque, seguro que la respuesta no le gustaba lo más mínimo.
- Dormirás en el sofá. – espetó, levantándose de un salto, separándose de su contacto y caminando hacia la cocina, con los ojos cerrados con fuerza. No sabía que estaba haciendo, se estaba jugando la vida por él, cosa que no debía hacer, pero que haría de todas formas.
Se sobresaltó soberanamente al notar el tacto de la mano de Ian en el hombro, bendita camiseta, que le venía grande, demasiado y le dejaba el hombro al descubierto, hubiera sido un roce vacío a través de la tela. Cerró los ojos con más fuerza que antes, intentando alejar esos pensamientos de la cabeza, llevándose una mano a la boca, mordiéndose las uñas. Se dio la vuelta bruscamente, para fulminarlo con su mirada de hielo, y retrocedió, apoyándose en la encimera de la cocina, aferrándose a ella con las manos.
- ¿Qué? – espetó, cabreada.
Ian sonrió débilmente, observando su reacción, y se acercó un paso a la chica.
- Nada. – respondió tan solo, con voz monocorde, pero sin borrar la sonrisa.